Habitación sin ventanas no hubiera sido posible sin los libros de relatos cortos que regalaban con el periódico hace años, décadas en verdad. No recuerdo con qué periódico venía el relato Aullidos de libertad de Manuel Yañez, solo que el recopilatorio estaba centrado en historias sobre animales. Durante mucho tiempo tuve Aullidos de libertad en mente. Tampoco sabría daros una justificación válida, aunque al relato le sobran argumentos a favor, simplemente permaneció allí. Con el tiempo se convirtió en una referencia casi inconsciente en mi mente. Lo importante es que no desapareció.
En cierto momento me ví inconscientemente enclaustrado en mi propia casa. Ni siquiera recuerdo el motivo, solo que en aquel entonces me parecía un hecho completamente válido. Tampoco es que me cueste mucho desaparecer del mundo. La situación se unió a la referencia y de ahí surgió Habitación sin ventanas. Descubierto el pastel, la relación con Aullidos de libertad se me hace demasiado evidente. Tampoco tenía sentido ocultarla.
Buscando el final de Habitación sin ventanas
Habitación sin ventanas es de esa variedad de relatos que no tenían final. Simplemente llegado a cierto punto no sabía cómo continuar. Sentía que la intensidad entre la madre y el protagonista había llegado al punto que hacía necesario un clímax. El verdadero problema es que escribía sin un tema claro sobre el que escribir más allá del aislamiento y la referencia a Yañez. La falta de objetivo hizo que la capacidad de la historia para crecer orgánicamente tuviera un tope.
Al crear La fábrica de cuentos quería que apareciera Habitación sin ventanas. Menos mal que lo hice porque es la más descargada, por cierto. Claro que me encontraba con una historia sin final. La opción de no darle un final como tal surgió, aunque nunca me sedujo realmente. Admito que mis novelas no son un ejercicio estilístico superior a la media, si encima no les doy un final relativamente satisfactorio no me sentiría a gusto ni yo mismo.
Sin entrar en destripes, mi perra me dio la solución. Es gracioso cómo había prescindido de la parte animal del relato de Yañez para la referencia y aún así un animal me iba a dar la solución. Viendo de qué va la historia me siento en la obligación de aclarar que pocos animales vivieron más plácidamente que esa perra. Lo que me inspiró fue recordar, en ese entonces la pobre llevaba meses muerta, su forma de alegrarse cada vez que veía su correa.